“Rubia, perdón por las horas, pero es que no puedo dejar de darle vueltas a lo de esta tarde. Deberíamos hablarlo.”
El mensaje era de Dani, me quedé parada cuando lo leí, no sabía qué hacer, ¿le respondía? ¿O simplemente fingía estar dormida? Después de pensarlo decidí responderle: “Dani la verdad es que yo tampoco dejo de darle vueltas y creo que sí que deberíamos hablarlo.” El no tardó en contestar: “¿Te parece bien si mañana antes de ir al plató te recojo, desayunamos juntos y lo hablamos?” “Vale. A las 9 en la puerta de mi casa.” le respondí.
El mensaje era de Dani, me quedé parada cuando lo leí, no sabía qué hacer, ¿le respondía? ¿O simplemente fingía estar dormida? Después de pensarlo decidí responderle: “Dani la verdad es que yo tampoco dejo de darle vueltas y creo que sí que deberíamos hablarlo.” El no tardó en contestar: “¿Te parece bien si mañana antes de ir al plató te recojo, desayunamos juntos y lo hablamos?” “Vale. A las 9 en la puerta de mi casa.” le respondí.
Me levanté del sofá, apagué la tele y me fui a dormir. Mañana me esperaba un día complicado.
8:30 de la mañana y el dichoso despertador no dejaba de sonar. Me levanté de la cama y ni siquiera me atreví a mirarme al espejo, debía tener unas ojeras que no las tapaba ni con todo el maquillaje del mundo. Después de salir del baño, me puse a hacer la cama y a continuación comencé a vestirme. Opté por unos vaqueros claros, una sudadera rosa y unas converse a juego. Mientras terminaba oí el telefonillo y atendí rápidamente:
-Enseguida bajo. –Dije al ver a Dani en la pantalla del aparato-
-Tranquila Annita –Me dijo mientras colocaba el pelo-
Fui otra vez hacia la habitación, pasé al baño, me peiné rápido, cogí mi bolso y salí por la puerta. Al salir a la calle vi a Dani montado en su coche con una cara igual o peor que la mía. Me puse mis gafas de sol y me subí al coche.
-¡Buenos días Cuqui! –Pronunció al verme subir al coche-
-¡Buenos días! –Respondí mientras me abrochaba el cinturón de seguridad- ¿Dónde vamos a ir?
- Vamos a la chocolatería que está cerca de mi casa. –Dijo mirando por el retrovisor para salir del aparcamiento-
El trayecto no era muy largo pero a mí se me hizo eterno. Cuando llegamos Dani aparcó en la puerta, entramos y nos sentamos en una de las mesas de dentro. Él se sentó enfrente de mí y no paraba de mirarme.
-¿Qué vas a querer?
-Un café y una tostada. –Le dije mientras guardaba en mi bolso las gafas de sol-
Cuando se acercó el camarero dijo lo que queríamos y fue él quien una vez más rompió el silencio.
-Anna ¿Qué va a pasar a partir de ahora? –Preguntó mirándome fijamente a los ojos-
-Si te soy sincera creo que deberíamos hacer como que no ha pasado nada. –respondí seria-
-Pero es que si ha pasado. Anna, nos hemos acostado, sin pensar en nada ni nadie, por un calentón se puede joder todo entre nosotros, y no solo eso, sino que también hemos traicionado a Cris y Miki.
-Ya lo sé Dani, pero ahora de nada sirve lamentarse. Lo hecho, hecho está. –Me callé ya que venía el camarero con el desayuno-
-Muchas gracias –Pronunciamos Dani y yo casi al unísono-
-Anna, ¿te puedo preguntar una cosa? –Continuó una vez que el camarero se había ido-
-Claro que sí. Adelante.
-¿A ti no te gustó lo de ayer verdad?
-Claro que no. –Respondí algo insegura-
-¿Segura?
-Dani somos amigos, ¿cómo me va a gustar? –Estaba comenzando a acalorarme- ¿O a caso a ti te gusto? –Lo miré-
-No, por supuesto que no. –Dijo esquivándome la mirada-
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